Dicen que la solución a nuestros problemas está dentro de nosotros mismos. Puede que tengan razón, no seré yo quien rebata esta teoría, pero sí quien la matice. No existe una regla común para todos los seres humanos. Cada cual es de su padre y de su madre y cada uno tiene una filosofía, religión, educación y forma de ver la vida distintas. No dudo que haya quien por sí sólo consiga volver a poner las cosas en su sitio, pero el que suscribe, entre tantos otros, no lo es.
Aquellos que no pertenecemos al mencionado y reducido primer grupo, tenemos que buscarnos las habichuelas para hacer más llevadero nuestro día a día en las malas épocas. El otro día, hablando con dos amigos me di cuenta de la cantidad de soluciones que tenemos a nuestro alcance y que no somos capaces de descubrir por nosotros mismos. De las tres opiniones que pusimos en común, ninguna coincidía, pero las tres eran igual de válidas. Todas tenían sus pros y sus contras, pero el fin era idéntico.
Una de las claves que más cerca tenemos pero que menos utilizamos es la de escuchar. Muchas veces se torna incluso dolorosa, pero cuanto más lo es, más necesaria. Todos necesitamos un punto de vista diferente que nos abra los ojos aunque nos duela. Quizás es entonces cuando comparas versiones y te das cuenta de que ni la tuya es tan buena ni la del prójimo es tan mala.
El siguiente paso es atar cabos. Una vez escuchadas todas las versiones, se entiende que escuchamos aquellas de quienes las queremos escuchar y tienen un mínimo de realismo, se colocan encima de la mesa y, prevaleciendo siempre la nuestra, debemos comparar y unir aquellos puntos que parecen inconexos. ¿Que puede que nos equivoquemos? Por supuesto. Pero a lo largo de nuestra vida hemos encontrado infinidad de preguntas sin respuesta por las que hemos peleado por encontrar una que nos hiciese más felices.
El siguiente paso es atar cabos. Una vez escuchadas todas las versiones, se entiende que escuchamos aquellas de quienes las queremos escuchar y tienen un mínimo de realismo, se colocan encima de la mesa y, prevaleciendo siempre la nuestra, debemos comparar y unir aquellos puntos que parecen inconexos. ¿Que puede que nos equivoquemos? Por supuesto. Pero a lo largo de nuestra vida hemos encontrado infinidad de preguntas sin respuesta por las que hemos peleado por encontrar una que nos hiciese más felices.
El tercer paso es el más difícil: creérselo. Si encontrar la realidad ya es difícil, aceptarla lo es mucho más. Abrirnos los ojos es arduo complicado como para encima creernos una historia que nos va a doler, pero es necesario. El individuo no elige lo que le va a deparar el destino, y lo mejor para sobrellevar esos cambios que se producen es aceptarlos, y cuanto antes, mejor. Es muy duro, al menos para mí lo está siendo, pero es absolutamente necesario para poder pasar aquella página sobre la que escribí días atrás. Pero igual de importante y necesario es serle fiel a uno mismo y no mentirse creando una realidad paralela que nos haga salir del paso antes pero sufrir más a la larga.
Y aquí estoy yo. Con mi historia, tu historia. Estudiando el camino recorrido y aceptando su dirección. Creyendo a cada metro que avanzo que mañana volveré a sonreír, y de momento no va nada mal. Porque el sufrimiento es pasajero, pero la gloria es eterna.
"Apunte, camarero, de entrantes me da igual
de postre quiero el mundo entero"
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