Imposible es una
palabra de perdedores. Decir que “nuestra relación es imposible” o que “es
imposible que gane” es utilizar argumentos de perdedores. Ser un perdedor no es
imposible, pero tener mentalidad de ello es negarse la victoria y aunque no es
imposible, debería serlo.
Imposible es
levantar todo un edificio a pulso con tus propias manos, hacer que el Sol
desaparezca por nuestra propia voluntad o recorrer andando cien kilómetros en
menos de un minuto. Eso son cosas imposibles y no lo que tú estás pensando.
Aparte de las
cosas mencionadas y de las que todos consideramos evidentes, sólo es imposible
lo que tú quieres que sea. Pensar que algo es imposible es subestimarse y en
esta vida no hay nada más triste que no confiar en uno mismo. Bueno sí, pensar
que es imposible confiar en uno mismo, pero eso ya me parece demasiado
rebuscado y no creo que haya nadie que lo piense.
Decir que algo es imposible es cerrarse las puertas de la vida, de la autosatisfacción y de la lucha para abrir las del fracaso y las de la frustración; es negarse a uno mismo el sabor de la victoria y la sensación del trabajo bien hecho para obligarse a tragar la derrota y el abatimiento; pero lo cierto es que detrás de una gran victoria hay horas y horas de esfuerzo, de sufrimiento, de dolor, momentos duros que nos hacen plantearnos si el camino escogido es el correcto. Pero cuando nos empuja la ilusión, la constancia y el afán de superación todo es más fácil, el camino es menos pedregoso y el final se ve más cerca. No existe peor que enemigo que uno mismo, por lo que decide que puertas quieres cerrar, saca fuerzas de donde no las haya y pelea por lo que sueñas. Eso, señoras y señores, es volar sin motor.
"Antes que creas que lo imposible no es verdad""

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