jueves, 31 de mayo de 2012

PROCESO DE APRENDIZAJE

La vida sigue y el tiempo pasa deprisa. No vale de nada pensar en lo que pudo ser y no fue o en lo que debiste hacer y no hiciste. El pasado sólo es eso, pasado. Montones de recuerdos y lecciones que nos hacen más fuertes, que no se pueden cambiar y que nos sirven de proceso de aprendizaje.

Vivir de las rentas en muy fácil. Lo difícil viene cuando tienes que refrendarlas y demostrar por qué las conseguiste en su día. Mirar atrás única y exclusivamente para coger impulso, nunca para recrearse. La vida continúa y estancarse en el tiempo es un pecado capital.

Allá por marzo fui al cine y vi una película que, siendo sincero, no esperaba que me gustase. Sin embargo, hubo un diálogo que me llamó la atención exageradamente. Hoy he conseguido rescatarlo y no he hecho más que reforzar aquella primera sensación que tuve al escucharlo:

"Mi teoría es que esos momentos impactantes, esos destellos que ponen patas arriba nuestras vidas, son los que acaban definiendo quienes somos. La cuestión es que cada uno de nosotros es la suma de todos los momentos que hemos experimentado con todas las personas que hemos conocido (...) Pues esa es mi teoría, que esos momentos impactantes definen quienes somos. Lo que nunca me había planteado es si algún día no recuerdas ninguno de ellos"

Hacer memoria y sonreír. Siempre. Cuando recuerdes un buen momento, por motivos obvios, y cuando sea uno malo, porque habrás aprendido la lección e incluso extraerás la parte positiva que todo momento tiene. Porque la vida son momentos, porque los únicos días que desperdicias son aquellos en los que no sonríes.



"Hoy voy a ser feliz y voy a sonreír
le daré un cheque en blanco a mi porvenir"

domingo, 27 de mayo de 2012

ESTO ES LA GUERRA

Estoy en plena batalla y cada día me queda menos munición. Hay días en los que me escondería tras la trinchera y días en los que miraría al enemigo a los ojos desde primera línea de fuego. Sin embargo, camino por territorio hostil bailando al son del silbido de unas balas que no siempre consigo esquivar.

Cada herida es menos dolorosa. Cada golpe es mejor encajado. Cada cicatriz me hace más fuerte. Sin embargo, hay algo que nunca podré cambiar: no sé perder. Odio esos momentos en los que sólo valoro el resultado y no las lecciones que he aprendido con él. Odio ese mal sabor de boca que siento cuando el enemigo te supera. Pero si algo positivo tienen las derrotas es que todas y cada una de ellas te curten de cara al futuro. No hay nadie que haya llegado a la cumbre sin haber mordido el polvo antes.

Cada guerra es diferente y cada una de ellas está compuesta por cientos de batallas que tenemos que librar. Ni vamos a ganar todas, ni vamos a caer siempre. Lo ideal es vencer a menudo y caer de vez en cuando, porque cada derrota ha de servir de aprendizaje para futuras batallas. Nunca viene mal una curita de humildad para seguir progresando. Nunca viene mal volver a pisar la tierra. Nunca viene mal sacar fuerzas de donde no las hay para seguir peleando.

Todos tenemos una guerra por la que pelear, un objetivo que alcanzar, un motivo para luchar. Da igual cuantas veces caigas y cuantas veces hayas salido ileso. Sólo importa llegar a la meta siéndose fiel a uno mismo y a sus principios, sintiéndose orgulloso al mirar atrás, porque una vez que llegas, nadie te va a preguntar cómo lo has hecho. Al fin y al cabo, esto es la vida. Esto es la guerra.


"Y si no piensas echar atrás,
tienes mucho barro que tragar"

sábado, 26 de mayo de 2012

TOP TEN


Todos tenemos nuestras virtudes y nuestros defectos y debemos aprender a vivir con ellos y corregirlos en la medida de lo posible. Pero si de alguno me siento verdaderamente orgulloso es de haber sido siempre sincero, aunque no siempre me haya salido todo lo bien que hubiera planificado. 
Ser sincero es serte fiel a ti mismo, a tus ideales, a tus valores, a tu forma de ser y actuar. Ser sincero es ir con la verdad por delante y el que tiene a la verdad de su lado, no tiene nada que perder. Ser sincero es sentirse mejor con uno mismo, defender tu posicionamiento, mostrar tu opinión y no cambiarla hables con quien hables, pero sobretodo, ser leal con quien estés tratando.
Por eso, os dejo mi Top Ten, porque no hay nada mejor que predicar con el ejemplo.

  1. Vivo feliz porque sé que siempre doy todo lo que tengo.
  2. Estoy tremendamente orgulloso de mi hermano.
  3. La felicidad es mi estilo de vida.
  4. Tengo miedo a fracasar.
  5. Sólo mi palabra pesa más que mis cojones.
  6. Tengo miedo de que vuelvas.
  7. La soledad no me disgusta de vez en cuando.
  8. Me emociona más un gol que algún poeta.
  9. Odio esa sensación de tener duda.
  10. Soy más cabezota de lo que te imaginas


Ser sincero es complicado la mayoría de las veces, pero también resulta lo más fácil a la larga. En determinadas situaciones lo más cómodo sería reservarse la opinión o cambiar un tema que más pronto que tarde acabará volviendo para incomodarnos otra vez más. Por eso es mucho mejor quitárselo de encima de una vez. ¿Que es aceptado? Perfecto, doble motivo para ser feliz. ¿Qué no es aceptado? Genial, porque siempre hay que decir lo que quieres decir, no lo que quieren escuchar.



"Sincero porque sé que hay mil caminos
y todos finalizan en el mar"

lunes, 21 de mayo de 2012

¿DE PROFESION? ASTRÓNOMO

En esta vida hay multitud de profesiones con las que millones de niños sueñan: que si piloto, que si futbolista, que si astronauta, que si probador de videojuegos, que si abogado, que si policía, que si bombero...pero todavía no he conocido a ningún niño que quiera ser astrónomo.

No voy a contaros aquí qué es la astronomía, desde cuándo se practica y que fin tiene porque eso son datos que todos podemos encontrar en la red sin mayor problema y prefiero explicaros el por qué del asunto.

Resulta que desde bien pequeño he estado dubitativo con mi vocación. Primero quise ser futbolista, más tarde antidisturbio, pasando por profesor y bombero y llegando al periodista que pretendo ser. Pero durante ese periodo, que abarca toda mi vida, he soñado con mi futuro muy esporádicamente, sabiendo que todavía me quedaba mucho por vivir y muchas experiencias que posiblemente, y así fue, me harían cambiar de opinión.

Primero soñaba con pararme el penalti decisivo de una final de la Champions League, luego con defender a la sociedad de terroristas, evaluar a mis alumnos con el Test de Cooper, apagar el incendio del Windsor y, finalmente, con escribir aquello que sucede para que vosotros estéis informados al instante. Cada sueño tiene sus motivos, todos diferentes, pero todos tienen un nexo común.

De pequeño me dijeron que cada sueño que tenías, como era imposible guardar todos en un cajón, se convertía en estrella para que cuando mirases al cielo lo recordases y peleases con todas tus fuerzas para llegar lo más alto posible y estar un poco más cerca de él. Se acumulan, forman constelaciones y muchos días dejan de brillar, pero con el tiempo reaparecen. No siempre sigues interesados en ellos, pero siguen ahí y lucen para que recuerdes quién eres y de dónde vienes, qué te ha hecho llegar a donde estás y quién te ha acompañado en el camino.

Muchos miran al cielo y son incapaces de ver más allá de sus narices, pero otros miramos y vemos todas nuestras ilusiones juntas, unas más visibles que otras pero todas presentes. Habrá quien piense que los sueños que no cumplimos quedan en el olvido, pero es porque no saben que una estrella vive, como poco, diez millones de años.


"Siempre tengo sueños sencillos
con mujeres complicadas"

sábado, 19 de mayo de 2012

SOLUCIONES

Dicen que la solución a nuestros problemas está dentro de nosotros mismos. Puede que tengan razón, no seré yo quien rebata esta teoría, pero sí quien la matice. No existe una regla común para todos los seres humanos. Cada cual es de su padre y de su madre y cada uno tiene una filosofía, religión, educación y forma de ver la vida distintas. No dudo que haya quien por sí sólo consiga volver a poner las cosas en su sitio, pero el que suscribe, entre tantos otros, no lo es. 

Aquellos que no pertenecemos al mencionado y reducido primer grupo, tenemos que buscarnos las habichuelas para hacer más llevadero nuestro día a día en las malas épocas. El otro día, hablando con dos amigos me di cuenta de la cantidad de soluciones que tenemos a nuestro alcance y que no somos capaces de descubrir por nosotros mismos. De las tres opiniones que pusimos en común, ninguna coincidía, pero las tres eran igual de válidas. Todas tenían sus pros y sus contras, pero el fin era idéntico. 

Una de las claves que más cerca tenemos pero que menos utilizamos es la de escuchar. Muchas veces se torna incluso dolorosa, pero cuanto más lo es, más necesaria. Todos necesitamos un punto de vista diferente que nos abra los ojos aunque nos duela. Quizás es entonces cuando comparas versiones y te das cuenta de que ni la tuya es tan buena ni la del prójimo es tan mala.

El siguiente paso es atar cabos. Una vez escuchadas todas las versiones, se entiende que escuchamos aquellas de quienes las queremos escuchar y tienen un mínimo de realismo, se colocan encima de la mesa y, prevaleciendo siempre la nuestra, debemos comparar y unir aquellos puntos que parecen inconexos. ¿Que puede que nos equivoquemos? Por supuesto. Pero a lo largo de nuestra vida hemos encontrado infinidad de preguntas sin respuesta por las que hemos peleado por encontrar una que nos hiciese más felices.

El tercer paso es el más difícil: creérselo. Si encontrar la realidad ya es difícil, aceptarla lo es mucho más. Abrirnos los ojos es arduo complicado como para encima creernos una historia que nos va a doler, pero es necesario. El individuo no elige lo que le va a deparar el destino, y lo mejor para sobrellevar esos cambios que se producen es aceptarlos, y cuanto antes, mejor. Es muy duro, al menos para mí lo está siendo, pero es absolutamente necesario para poder pasar aquella página sobre la que escribí días atrás. Pero igual de importante y necesario es serle fiel a uno mismo y no mentirse creando una realidad paralela que nos haga salir del paso antes pero sufrir más a la larga.

Y aquí estoy yo. Con mi historia, tu historia. Estudiando el camino recorrido y aceptando su dirección. Creyendo a cada metro que avanzo que mañana volveré a sonreír, y de momento no va nada mal. Porque el sufrimiento es pasajero, pero la gloria es eterna.



"Apunte, camarero, de entrantes me da igual
de postre quiero el mundo entero"

viernes, 18 de mayo de 2012

LA PALABRA DEL PERDEDOR

Imposible es una palabra de perdedores. Decir que “nuestra relación es imposible” o que “es imposible que gane” es utilizar argumentos de perdedores. Ser un perdedor no es imposible, pero tener mentalidad de ello es negarse la victoria y aunque no es imposible, debería serlo.

Imposible es levantar todo un edificio a pulso con tus propias manos, hacer que el Sol desaparezca por nuestra propia voluntad o recorrer andando cien kilómetros en menos de un minuto. Eso son cosas imposibles y no lo que tú estás pensando.

Aparte de las cosas mencionadas y de las que todos consideramos evidentes, sólo es imposible lo que tú quieres que sea. Pensar que algo es imposible es subestimarse y en esta vida no hay nada más triste que no confiar en uno mismo. Bueno sí, pensar que es imposible confiar en uno mismo, pero eso ya me parece demasiado rebuscado y no creo que haya nadie que lo piense.

Decir que algo es imposible es cerrarse las puertas de la vida, de la autosatisfacción y de la lucha para abrir las del fracaso y las de la frustración; es negarse a uno mismo el sabor de la victoria y la sensación del trabajo bien hecho para obligarse a tragar la derrota y el abatimiento; pero lo cierto es que detrás de una gran victoria hay horas y horas de esfuerzo, de sufrimiento, de dolor, momentos duros que nos hacen plantearnos si el camino escogido es el correcto. Pero cuando nos empuja la ilusión, la constancia y el afán de superación todo es más fácil, el camino es menos pedregoso y el final se ve más cerca. No existe peor que enemigo que uno mismo, por lo que decide que puertas quieres cerrar, saca fuerzas de donde no las haya y pelea por lo que sueñas. Eso, señoras y señores, es volar sin motor.




"Antes que creas que lo imposible no es verdad""

miércoles, 16 de mayo de 2012

UN PUÑADO DE AMIGOS

Lo bueno de los amigos es que no hace falta que les digas nada para que sepan que te pasa algo. Son ese tipo de personas que conocen perfectamente tu mirada, tu sonrisa y hasta tus gestos de tal manera, que al mostrarlos saben en que estado de ánimo te encuentras. Y eso, facilita mucho las cosas cuando no van todo lo bien que desearías.

Son esas personas en quien te apoyas sin necesidad de haberte caído, con las que te sinceras sin necesidad de hablar, las que tienden la mano para ayudar a levantarte, las que conviven con tus emociones como si fuesen suyas. Un amigo es aquella persona que, más allá de poder conversar, tomar unas cañas y reírte, sientes como extensión de ti mismo, como ese complemento que te falta de serie y que encuentras en esa persona.

Con ellos siempre encuentras soluciones a lo que pensabas que no tenía, siempre encuentras opiniones que no habías pensado, siempre tienen palabras para esos momentos de silencio incómodo, siempre son capaces de crear un momento distinto, algo diferente, haciendo que no existan dos conversaciones iguales. Semejantes sí, pero iguales nunca.

En estos momentos es cuando te das cuenta de la calidad de la gente que te rodea y la cantidad de gente que se preocupa por ti. Algunos son hasta inesperados, pero te demuestran que te aprecian como el que más. Rodearse de gente con quien poder compartir tus alegrías, superar tus penas y trazar planes que posiblemente nunca se lleguen a cumplir pero que nos hacen felices mientras duran. Porque los malos momentos son pasajeros, pero un puñado de amigos es eterno.


"Quiero tener un millón de amigos 
y así más fuerte poder cantar"

sábado, 12 de mayo de 2012

MI VUELTA AL MUNDO

Fue un vuelo placentero, sin apenas turbulencias. Disfrutamos de un buen catering y de un buen servicio, de buenas vistas y de entretenimientos varios. Quizás, el único pero que se le puede poner al viaje es que fue corto. Bueno, y que no acabó donde lo tenía previsto.

Soñé durante muchas noches con que ese avión me llevase a lugares paradisíacos para compartir contigo. Soñé con lugares en los que pudiera jugar a ser mejor persona, a sentirme más completo. Soñé con pasos que dar, con historias que contar, con anécdotas que recordar.

Pero un buen día decidiste tirarte en paracaídas sin mirar atrás. En un principio pensé que el avión me venía grande, que era demasiado espacio para mí solo, que debía aterrizar en cualquier aeropuerto de mala muerte para regresar andando a casa y la cabina de pilotaje se me caía encima, pero me percaté de que tanto espacio no era más que anecdótico, de que algún día alcanzaría esos lugares que pretendía conquistar aquel día que embarcamos, de que mi viaje tenía que seguir, de que no podía renunciar a mis sueños por una piedra en mi camino. Al fin y al cabo nadie me dijo que fuese fácil.

Viajo solo, cual bohemio. Disfruto a cada metro que avanzo porque si la vida me ha llevado a esta situación ha sido por algo. Quizás no eras la acompañante apropiada para mi vuelta al mundo o quizás aquellos destinos no eran para ti. Quizás mi pilotaje fue extremo o quizás tuviste miedo a las alturas. Sin embargo, el viaje continúa. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan fuerte, porque miro por la ventanilla del avión y en cada aeropuerto en el que reposto veo a toda esa gente que me apoya recibiéndome y despidiéndome agitando su mano, haciéndome sentir que, vaya donde vaya y llegue a donde llegue, gran parte de mis éxitos y de los sueños que cumpla, tendrán su firma.



"Mi vida fuimos a volar con un sólo paracaídas
uno sólo va quedar volando a la deriva"

viernes, 11 de mayo de 2012

RECUERDOS

Todo hombre sueña en esta vida con ser sabio, con poder dar lecciones a los demás y con ser aquella persona a la que todos piden consejo. Para ser sabio no hace falta ser viejo, sino haberse equivocado muchas veces y haber aprendido la lección de cada una de ellas.

El refrán dice que rectificar es de sabios, pero para rectificar hay que haber cometido antes un error. Muchos errores son inevitables, no eres consciente de que los has cometido hasta que alguien te abre los ojos, pero hay otros que, aún sabiendo que los vas a cometer, no puedes evitar. Te percatas de algo, lo piensas y lo sueltas. Así, sin anestesia. ¿Qué es un error? Perfecto, pero la tranquilidad con la que te quedas es algo que no puede explicarse. 
Esa tranquilidad es la que te hace sentarte y suspirar, pensar en lo bien que te sientes y en el mal rato que has evitado. Y en ese momento, comienzas una nueva etapa. Ves cosas que la tensión no te dejaba ver. Valoras situaciones que minutos antes eran inconcebibles para ti. Piensas de otra manera y decides dar ese paso que antes no te atrevías a dar. 

Ese paso es duro. Reconozco que me ha costado bastante, pero era necesario. Al fin y al cabo, los recuerdos son los que nos impiden seguir avanzando. Por eso hemos de seleccionar aquellos con los que nos queremos quedar. 




"Recuerdos que enterrar bajo el mar"

martes, 8 de mayo de 2012

MI BEST SELLER

Dicen que lo más complicado es pasar página. Esa página que es tan simple y sencilla que nos hace confiarnos de tal manera que cuando la queremos pasar, parece que es de plomo.
Es tan fácil como no volver hacia atrás y releer el capítulo que acabas de escribir y que nunca podrás modificar. Puedes darle otro formato, otra presentación, pero nunca podrás cambiar su contenido. Las palabras echan raíces en la hoja y de ahí no se mueven. No hacen ruido, no te llaman, pero siempre acabas echándolas esa última ojeada que te pide el cuerpo. Lo malo es que cada noche le echas la última.

Esa dichosa página es la medicina que te calma, que te hace dormir tranquilo aún sabiendo que no es la solución a tus males. Y de tanta repetición se vuelve un vicio adquirido que debes corregir si algún día pretendes volver a ser el que eras. Ni el alcohol es la solución a las penas, ni esa lectura nocturna a los desamores.

No consiste en pasar página y escribir una nueva a lo loco. Consiste en analizar cuales son tus fallos y cuales tus aciertos, valorar tu actuación y aprender la lección para el próximo capítulo. Sólo así evitarás volver a escribir las mismas líneas pero en diferente hoja. Sólo así evitarás que tu vida sea un libro cuyo argumento se torna repetitivo y, por la repetición de errores, hasta cómico.

Mi primer paso fue hacer autocrítica. El segundo estudiar las posibles consecuencias que tendrían tanto en mí como en terceras personas las diversas acciones que aparecían en la cabeza. El tercero fue sentarme en mi escritorio, releer por última vez ese capítulo ya cerrado, disfrutar de los buenos momentos que allí se encontraban y lamentarme de los malos. Y el cuarto y último paso, tomarme un merecido descanso para aclarar mis ideas y aunar fuerzas para seguir escribiendo lo que, humilde y cariñosamente, apodo como mi best seller.




"Pero nunca te quedas conmigo ni tampoco te marchas del todo"

lunes, 7 de mayo de 2012

DE NUEVO EN LOS MEJORES CINES

La historia que te venció, que te superó, que te hizo besar la lona, que te descolocó por completo en la que tú fuiste ese actor principal que acabó el rodaje sin el protagonismo que buscaba y merecía, vuelve a las pantallas.

Esa película en la que a pesar de todos tus méritos y hazañas acabas tiroteado en un parking por una pandilla de sicarios afroamericanos, trajeados, con perilla y gafas de sol. Esa película en la que en plena persecución contra el mal tu coche se queda sin gasolina. Esa película en la que eres el típico abogado que acaba vilipendiado por sus compañeros de profesión para hacerle perder un caso definitivo. Esa película en la que el caballero andante muere calcinado por el ataque de un dragón al socorrer a su princesa.

Esa película que cada Navidad vuelve a tu televisor. Esa película cuyo cartel está tan visto que en cada parada de metro tiene un bigote dibujado distinto. Esa película que si no es con colegas eres incapaz de ver. Esa película con la que siempre te quedas dormido. Esa película que siempre tiene el mismo argumento. Esa película que no sabes si quitar o dejar porque ya te sabes el final. Esa película que el actor cada entrega va envejeciendo. Esa película que tuvo segunda parte pero que nunca tendrá trilogía, de nuevo en los mejores cines.


"No queda una sola noche en la que diga que voy a intentar
olvidarme en cada acorde de esa mirada que me hizo dudar"

sábado, 5 de mayo de 2012

CAMINOS


La vida son caminos que recorremos a lo largo de nuestra existencia. Unas veces los escogemos libremente, con el fin de disfrutar, de ser feliz, sabiendo a dónde, con quién y porqué caminas; pero otros los tomas por obligación, bien porque es la continuación del camino que tanto te gustaba, porque la situación te obliga o porque, simplemente, es lo mejor para ti.


Lo bonito de la vida es que nunca sabes cual va a ser la próxima dirección que has de tomar. Vives feliz mientras disfrutas del camino que has decidido andar, pero eso no implica que sea el mejor para ti, que no tenga escollos o que, simplemente, tenga su fin. Es entonces cuando llegas a un cruce y surgen tus dudas. ¿Dónde voy? ¿Por qué voy? ¿Merece la pena este camino que estoy realizando? ¿Y si cambio y me equivoco? ¿Y si sigo y me equivoco? ¿Y si me equivoco sea cual sea mi decisión?


Caminos hay muchos. Que duren toda la vida, pocos. Todos los caminos tienen un final. Todos los caminos te hacen sonreír y llorar a partes iguales. Todos los caminos llevan a tu felicidad. Si no es el inicial, ya te llevará una de las desviaciones que tomes, pero tarde o temprano te alegrarás de haber tomado el camino que un día tomaste. Los hay buenos y malos, pero la clave para llevarlos con la mayor normalidad es aceptarlos cuanto antes. Escribirlo es fácil, llevarlo a la práctica mucho más complicado, pero estar convencido de ellos es mi asignatura pendiente.


Tendré que mirar al frente y ver que, a pesar de que este camino no me agrada, es el acertado. Tendré que tomar decisiones con las que no siempre esté de acuerdo sabiendo que es lo mejor para mí. Tendré que aceptar lo que venga a lo largo del camino y salvar los escollos que encuentre, pero no tomaré nunca la primera salida si no es la acertada. Eso sería de cobardes.


Tendré que aprender a vivir con la posibilidad de encontrarme contigo y sonreír como si no pasase nada, a vivir con el riesgo de encontrarte en cualquier bar con otro, a ir al fútbol y verte disfrutar con lo mismo que yo, a abrir las redes sociales y ver que, a pesar de todo, eres feliz.
Tendré que aprender a exprimir cada sonrisa al máximo, a dedicarme única y exclusivamente a aquello que me corresponde, a vivir mi vida al límite, a disfrutar de la compañía de los míos, a salir a la calle sin un plan milimetrado por si te encuentro, a vivir mi vida, a vivir sin ti.


Aunque llevo poco tiempo en este nuevo camino, tengo claro que es el mejor para mí aunque me cueste reconocerlo. Quizás sea un tanto complicado, quizás hubiera podido evitarlo, pero lo que tengo claro es que si estoy aquí es para aprender, para crecer como persona y para, tarde o temprano, encontrar la salida que lleve a tiempos mejores. Y a pesar de que es pronto lo estoy intentando al máximo. A veces con éxito, a veces sin él, pero siempre con la mejor de las intenciones, ya que aunque no me agrade, este es el camino que me toca recorrer.



"Un marinero en Madrid [...] un poeta sin su Abril"

viernes, 4 de mayo de 2012

CONFLICTOS


No sé que tienes que siempre creas un conflicto en mí. Desde el primer día que te conocí y hablé contigo supe que serías alguien importante en mi vida. Una parte de mí me decía que lo ibas a ser para bien, que ibas a hacerme feliz, que ibas a compartir conmigo momentos inolvidables, pero otra parte de mí me decía que eras muy diferente, que nunca íbamos a estar a la misma altura, que nunca llegaríamos a encajar.

Una parte de mí me dijo en su día que me diera una oportunidad, que me centrase en ti porque lo que íbamos a vivir seguro iba a merecer la pena, pero otra me dijo que no lo hiciese, que eras muy diferente, que nunca íbamos a estar a la misma altura, que nunca llegaríamos a encajar.

Con el tiempo, una parte de mí me imperaba que te diese otra oportunidad, que no me rindiese, que pelease por lo que quería, pero la otra me incitaba a dejarte pasar, que no te la diese, que eras muy diferente, que nunca íbamos a estar a la misma altura, que nunca llegaríamos a encajar.

Una parte de mí te pedía para poder ser feliz, para sonreír, para completar el puzzle que llevo dentro, pero otra parte de mí era más prudente y me decía que no eras necesaria para que sonriera, que eras muy diferente, que nunca íbamos a estar a la misma altura, que nunca llegaríamos a encajar.
El lunes, una parte de mí me mordía por dentro porque no quería que te fueses, porque todavía creía en los finales felices, porque nos quedaban muchas cosas por vivir, pero otra me recordaba de nuevo que eras muy diferente, que nunca íbamos a estar a la misma altura, que nunca llegaríamos a encajar.

Y hoy me siento frente a esta pantalla y miro atrás, sabiendo que siempre ha ganado la misma parte aún sabiendo que era la contraria quien tenía razón, que siempre he prestado mayor atención a esa parte de mí que me decía lo que quería oír, lo que me iba a hacer feliz aunque con un alto riesgo de daños colaterales. Y sí, miro atrás y sonrío, porque he sido feliz, porque he vivido aquello por lo que he peleado, aunque ahora mismo blasfeme porque sé que eres muy diferente, que nunca vamos a estar a la misma altura, que nunca llegaremos a encajar.


"Y te fuiste huyendo, como los pájaros del invierno"

jueves, 3 de mayo de 2012

UNA MUESCA EN EL TROFEO


No hay nada mejor en esta vida que tener entre tus manos aquello por lo que has peleado contra viento y marea. No hay nada mejor que tocarlo, acariciarlo, jugar con él o disfrutarlo sabiendo que por fin es tuyo. Entonces, y sólo entonces, una sonrisa picarona se dibuja en tu cara y te sientes el rey del pollo frito.

Dicen los entendidos que alcanzar la cumbre no es lo difícil, que lo complicado es mantenerse arriba y combatir tanto con las épocas en las que parece que todo se cae como con las que sientes que nada puede fallar y le debes una al destino. Pero sobretodo, lo complicado viene cuando tienes que pelear contra tu propio ego.Ese ego que nunca sientes pero que tus allegados repudian. Ese ego que provoca cambios en ti progresivamente. Ese ego que crece como la mala hierba y de no arrancarlo de raíz, acaba por comerse tu siembra. 

Te sientes invencible, te sientes superior, pero en esta vida no hay nada más cruel que sentirse campeón sin haber terminado la liga. Y es entonces cuando aquello con lo que juegas y disfrutas parece tener una pequeña muesca. Entonces el ego desaparece de golpe, te abandona y te sientes perdedor. “¡Cómo va a tener una muesca, si es imposible!” piensas. Pero efectivamente, la tiene. Tu premio. El mío. El de todos.

Es entonces cuando el mundo se te viene encima. Es entonces cuando te sientes como ese trabajador de a pie que ha cotizado toda la vida para poder comprar un gran coche y vuelve del banco, maletín en mano, corriendo para conservar su premio, fruto de tanto tiempo de trabajo. Y en plena carrera, un mal paso acaba con sus billetes en el suelo y toda una vida de lamentos. 

Entonces es cuando la razón se impone al ego. A toro pasado, cuando ya no hay solución. Y es entonces cuando te miras en el espejo, con la cara recién lavada, y te preguntas sobre qué necesidad tenías de correr, de acelerar los pasos, de vivir al límite, de sorprenderte con aquella muesca en tu trofeo. 
Por eso hay que tener la cabeza fría, valorar lo que has conseguido y lo que te ha costado conseguirlo. Ir paso a paso, sin prisa pero sin pausa, con la tranquilidad de que el trabajo diario te acabará haciendo el mejor y acabarás revalidando el título temporada tras temporada. Porque una muesca en tu trofeo no es un problema, pero una muesca en tu vida no se cura ni con el mejor de los whiskis.


miércoles, 2 de mayo de 2012

NO RISK, NO PARTY

No hay nada más amargo que el sabor de la derrota. Ésta resulta más amarga aún si la sufres habiéndote vaciado para evitarla.

Dicen que hay guerras en las que es mejor no enrolarse. Son guerras en las que peleas tú sólo contra todo, contra todos. Luchas con tesón, con amor propio, con la rabia del guerrero que persigue un sueño. Sin embargo, cada batalla que pasa va haciendo mella en ti. Las que ganas, porque ganas. Las que pierdes, porque pierdes. Pelear solo es el riesgo que tiene, que nunca sabes cuando te van a derrotar o cuando tus fuerzas van a flaquear sin opción de remediarlo. No hay nadie detrás en quien apoyarse, no hay nadie delante a quien aferrarse. Tus compañeros llegarán para levantarte, y la característica que tiene es que para que lo hagan debes haber caído.

Nunca he entendido a la gente que teme alistarse a la guerra de los sentimientos, pero tampoco he entendido a los temerarios como yo. No puedo explicar que se siente cuando se acaba el día y continúas vivo, de pie, con la mirada desafiante. Los que pertenecemos al reducido grupo de los temerarios sentimentales sabemos de lo que hablamos. Es ese tipo de sensación que te hace volver a intentarlo, volver a desafiar al mundo, querer más aún sabiendo que un día de estos el riesgo te desequilibrará y acabarás mordiendo el polvo. ¿Y qué? No risk, no party.
Sin embargo, no todo son victorias en esta vida. También llegan esas tardes de gloria del enemigo, esos días en los que es mejor no despertar. Esos días en los que todo y todos te superan. Esas tardes.

Esas tardes en las que cada paso te cuesta la vida, en las que cada minuto te desgasta un poco más la sonrisa, en las que cada golpe de segundero va directo a tu sien. Esas tardes en las que te debilitas, en las que sabes que actúas porque es estrictamente necesario guardar las formas, en las que no eres ni la mitad de la persona que fuiste la noche anterior, en las que la derrota va dejando su rastro.

Cada batalla perdida es una losa sobre tu cuello, y lamentablemente, yo ya llevo dos. Pueden ser de cemento, de hormigón o de mármol, que sacaré fuerzas de donde no las haya para levantar la cabeza. Porque un hombre no se caracteriza por las losas que lleve encima, sino por la fuerza que tiene para levantar su cabeza.