No voy a contaros aquí qué es la astronomía, desde cuándo se practica y que fin tiene porque eso son datos que todos podemos encontrar en la red sin mayor problema y prefiero explicaros el por qué del asunto.
Resulta que desde bien pequeño he estado dubitativo con mi vocación. Primero quise ser futbolista, más tarde antidisturbio, pasando por profesor y bombero y llegando al periodista que pretendo ser. Pero durante ese periodo, que abarca toda mi vida, he soñado con mi futuro muy esporádicamente, sabiendo que todavía me quedaba mucho por vivir y muchas experiencias que posiblemente, y así fue, me harían cambiar de opinión.
Primero soñaba con pararme el penalti decisivo de una final de la Champions League, luego con defender a la sociedad de terroristas, evaluar a mis alumnos con el Test de Cooper, apagar el incendio del Windsor y, finalmente, con escribir aquello que sucede para que vosotros estéis informados al instante. Cada sueño tiene sus motivos, todos diferentes, pero todos tienen un nexo común.
De pequeño me dijeron que cada sueño que tenías, como era imposible guardar todos en un cajón, se convertía en estrella para que cuando mirases al cielo lo recordases y peleases con todas tus fuerzas para llegar lo más alto posible y estar un poco más cerca de él. Se acumulan, forman constelaciones y muchos días dejan de brillar, pero con el tiempo reaparecen. No siempre sigues interesados en ellos, pero siguen ahí y lucen para que recuerdes quién eres y de dónde vienes, qué te ha hecho llegar a donde estás y quién te ha acompañado en el camino.
Muchos miran al cielo y son incapaces de ver más allá de sus narices, pero otros miramos y vemos todas nuestras ilusiones juntas, unas más visibles que otras pero todas presentes. Habrá quien piense que los sueños que no cumplimos quedan en el olvido, pero es porque no saben que una estrella vive, como poco, diez millones de años.
"Siempre tengo sueños sencillos
con mujeres complicadas"

No hay comentarios:
Publicar un comentario