No sé que tienes que siempre creas un conflicto en mí. Desde el primer día que te conocí y hablé contigo supe que serías alguien importante en mi vida. Una parte de mí me decía que lo ibas a ser para bien, que ibas a hacerme feliz, que ibas a compartir conmigo momentos inolvidables, pero otra parte de mí me decía que eras muy diferente, que nunca íbamos a estar a la misma altura, que nunca llegaríamos a encajar.
Una parte de mí me dijo en su día que me diera una oportunidad, que me centrase en ti porque lo que íbamos a vivir seguro iba a merecer la pena, pero otra me dijo que no lo hiciese, que eras muy diferente, que nunca íbamos a estar a la misma altura, que nunca llegaríamos a encajar.
Con el tiempo, una parte de mí me imperaba que te diese otra oportunidad, que no me rindiese, que pelease por lo que quería, pero la otra me incitaba a dejarte pasar, que no te la diese, que eras muy diferente, que nunca íbamos a estar a la misma altura, que nunca llegaríamos a encajar.
Una parte de mí te pedía para poder ser feliz, para sonreír, para completar el puzzle que llevo dentro, pero otra parte de mí era más prudente y me decía que no eras necesaria para que sonriera, que eras muy diferente, que nunca íbamos a estar a la misma altura, que nunca llegaríamos a encajar.
El lunes, una parte de mí me mordía por dentro porque no quería que te fueses, porque todavía creía en los finales felices, porque nos quedaban muchas cosas por vivir, pero otra me recordaba de nuevo que eras muy diferente, que nunca íbamos a estar a la misma altura, que nunca llegaríamos a encajar.
Y hoy me siento frente a esta pantalla y miro atrás, sabiendo que siempre ha ganado la misma parte aún sabiendo que era la contraria quien tenía razón, que siempre he prestado mayor atención a esa parte de mí que me decía lo que quería oír, lo que me iba a hacer feliz aunque con un alto riesgo de daños colaterales. Y sí, miro atrás y sonrío, porque he sido feliz, porque he vivido aquello por lo que he peleado, aunque ahora mismo blasfeme porque sé que eres muy diferente, que nunca vamos a estar a la misma altura, que nunca llegaremos a encajar.
"Y te fuiste huyendo, como los pájaros del invierno"

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