Crecer sin miedo
debería ser el undécimo principio de los Derechos del Niño. Es algo que te
ayuda a formarte como persona tanto como tener derecho a educación o a la
igualdad.
Reconozco que
durante varios años de mi infancia convivía cara a cara con el miedo, pero
siempre me tocaba apartar la mirada a mí.
Primero fue estar con la puerta
cerrada, luego dormir con el armario abierto y más tarde a bajar al trastero de
noche y sufrir un ataque de encapuchados que cubrían sus rostros con un
pasamontañas. Miedos que fui superando poco a poco para ser cada día más
independiente y más adulto.
Bien es cierto
que todos tenemos miedos en esta vida. Si no tuviéramos miedo no seríamos
humanos. Unos tienen miedo a envejecer solos y otros a no tener qué llevarse a
la boca, pero esos son miedos reales, quizás demasiado extremistas, pero
reales. Otros tiemblan,
sudan y sienten presión en el pecho cuando suben a un atril delante de cientos
de personas. Otros a dormir sin echar la llave en casa y otros a cruzar la
calle sin haber mirado diez veces por carril.
Me acuerdo que con cinco o seis años le marqué un gol al miedo. Por aquel entonces, éste me tenía demasiado controlado y en muchas ocasiones llegaba incluso a paralizarme hasta que un buen día mi padre me enseñó una de las lecciones más importantes que recuerdo:
"En esta vida hay cosas buenas y cosas malas. Tú tienes que adivinar cuál es cada una y saber si te dan miedo o no. Pero no puedes tener miedo a todo, al igual que no puedes tener miedo a nada, porque los miedicas no sonríen y el cementerio está lleno de valientes"
Y desde aquel día hasta hoy
me he pasado la vida pegando patadas a todo aquello que me ha impedido soñar,
que me ha impedido tener ilusiones y que ha trabado mis proyectos. Unos
cayeron por su propio peso, quizás no eran para mí. Otros por falta de implicación
o de tiempo, por falta de interés o por desgana, pero desde ese día nadie me puede echar en cara que no he peleado por lo que he querido, sin complejos, sin ataduras, con aquellas palabras de mi padre resonando en la cabeza. Porque si peleas por lo que quieres con todas tus fuerzas, por cada vez que te caigas, volarás tres. Y eso que el cementerio está lleno de valientes.
"Sin miedo a la locura, sin miedo a sonreír"
No hay comentarios:
Publicar un comentario